Zambayonny

Zuperhéroe de la palabra

Por Dolores Yañez
Fotos Lea Rocha
copyright 2013

A pocos días de sacar su nuevo disco a la calle, Diego Perdomo, popularmente conocido como Zambayonny, abrió las puertas de su casa para convertirse en el primer entrevistado de la revista de Bigote Falso. El sinfín de obsesiones que lo acompañan en su vida cotidiana confirmó que no podía ser otra la persona que imprimiera su rostro en nuestra tapa lanzamiento.

Sentarnos frente a Zambayonny fue todo un desafío. Se trata de un tipo al que admiramos por sus canciones, por sus libros y por la pasión que pone en cada una de las cosas que hace. También lo admiramos por ser un buen comunicador, con mensajes claros, directos, que se construyen en base a ideas honestas y transparentes. Esa misma honestidad, pensamos, se nos podía volver en contra si no le gustaban nuestras preguntas o si no le interesaba el proyecto de nuestra revista.
Felizmente, Zambayonny celebró nuestra iniciativa destacando la quijotada de llevar al papel algo que comenzó de manera virtual en el blog de Bigote Falso, para convertirse luego en revista impresa.

La suerte de principiantes quiso que la entrevista sea una delicia. Una hora y media de charla acompañada por los mates que nos cebó el propio Zambayonny, en su amplia terraza vidriada con vista al barrio de Palermo. De principiantes no solo tuvimos la suerte, nuestra falta de experiencia se notó de entrada. Al punto que –en contra de la máxima del periodismo que reza: “Nunca permitas que el entrevistado maneje el reportaje” – la primera pregunta la hizo él: “¿Cómo se les ocurre pasar al papel algo que ya funciona de manera virtual? Por lo general, todos hacen el proceso inverso. Yo sostengo que si antes de Cristo pudieran haber usado pantallas lo hubieran hecho, el papel se usó porque era lo único que tenían. Es una cuestión cultural, a uno le quedó en la cabeza eso de que los papeles tienen más trascendencia, pero los archivos van a quedar para siempre, uno escribe un tweet y va a durar 100 años, rebotado, lo que sea, pero va a estar. Eso sí, frente a todo lo que se escribe en forma permanente de manera virtual, el papel implica un trabajo de edición, que también está bueno. Igual, de los nuevos tiempos, a mí me divierte que cada uno pueda decir lo que quiera”.

Como un verdadero comunicador, se notó que Zambayonny reflexiona sobre las nuevas tecnologías, los medios masivos de comunicación y de qué manera impactan en el arte, y puntualmente en la relación con su público: “Estoy terminando de editar el que tal vez sea mi último disco en formato físico, ya no se compran más discos, de hecho, las disquerías cerraron. El otro día estábamos diseñando el librito y me sentía en 1994, pensando en qué orden poner las canciones, ya no se escucha más un disco entero y menos aún en el orden que propone. La industria discográfica intenta buscarle la vuelta pero las computadoras ya no traen lectoras de CD, las tablets tampoco. De hecho, yo no compro discos, el último que compré fue el de Sabina y Serrat, los de Sabina los compro, y alguno que otro. También compro los de los amigos que producen sus propios discos, pero casi por caridad, no porque no me gusten los discos sino porque sé el esfuerzo que hicieron para grabarlo, la realidad es que los escucho en la compu. La descarga tampoco es un camino, no está la costumbre de usar la tarjeta para descargar música. En algún momento las compañías como Google o YouTube deberán pagar por usar contenidos que no son propios, pero al usuario no se le puede cobrar”.

El inicio profesional de la carrera de Zambayonny empezó a través de medios de comunicación no convencionales, surgiendo a través de espacios alternativos: “Se me encasilla como el exponente del que salió de YouTube pero no es tan así. YouTube en realidad tiene entre 7 y 8 años, y al principio no era tan masivo. En mi caso se dio que la gente se pasaba mis canciones, esas canciones con la voz deformada que grababa para mis amigos. En Internet lo que había eran blogs en donde vos subías un archivo pero para descargar, no para escuchar online, al principio era así.
Después estuve en Televisión Abierta en Canal 7, que salió para todo el país y lo vio muy poca gente. Recién ahí vino lo de YouTube, recibí un millón de visitas y empezó a surgir como una prensa paralela. El siguiente paso fue salir cantando que no podía dejar la paja en Canal 13 al mediodía y ya no hubo vuelta atrás.
En todo caso soy un exponente de los que formamos parte del final de una etapa, el final de promocionar de una sola forma, copando las siete pantallas que había con los mismos tipos. Eso justo cambia ahí, hay varios ejemplos y yo soy uno, pero tiene que ver con un cambio de medios y eso que es previo a la Ley de Medios. Antes eran 10 tipos en la pantalla, ahora en la pantalla estamos todos, tenés que buscarte, eso sí, pero estamos todos”.

Zambayonny hace radio desde la década del ´90 cuando vivía en Bahía Blanca, escribió dos novelas (“Biografía de un superhéroe” en 2010 y “Leyenda de un superhéroe” en 2012) y editó tres discos: “Tu Palabra contra la mía” (2007 – Lábil Música), “Salvando las Distancias” (2008 – CD / DVD – Pelo Music) y “Búfalo de Agua” (2011 – Pelo Music) que se suman a sus cinco trabajos independientes con veinte temas cada uno (Pensando en voz alta, La pistola de carne, Salita verde, La pendeja puta que todos llevamos dentro y Milanesa de pija).

BF: ¿Si tenés que definir tu profesión, cómo lo harías?
Z: La verdad que nunca busqué una definición, yo hago lo que hice toda mi vida, escribir cuentos, canciones, novelas, bromas. Nunca dije ‘yo soy esto’ porque eso al mismo tiempo me invalidaría para encarar otra cosa. Yo hago canciones, discos, libros, cuentos, poemas, no son de raíces diferentes, lo que cambia es el formato. Tal vez sería un escritor que a veces le pone música a las letras. Escritor. La herramienta es la palabra, es a lo que más bola le doy. Soy un músico de pocos acordes, sin formación clásica, lo más fuerte es la palabra.

BF: ¿Tu carrera fue dándose en forma espontánea, ahora planificás más hacia dónde seguir?
Z: Uno no es inocente cuando sabés que te van a escuchar y te van a leer, cuando yo escribía sin saber que eso iba a pasar, para diez amigos, era distinto. Ahora sé que lo que haga o lo que diga va a tener una trascendencia, poca o mucha, pero voy a tener que defenderlo, voy a tener que subir a un escenario y tocar en vivo o responder ante alguien que me haga una nota sobre mi obra. Pienso que cierto estribillo va a quedar mejor o que cierta frase me va a costar menos defenderla. Plan nunca hubo, no conozco a nadie que tenga un plan a los veintipico de años y le termine funcionando, yo sabía que iba a terminar laburando para un público, en radio, shows o lectores. Pero no imaginaba que con estas canciones ni que iba a ser de esta forma, tan rápido, yo soy un tipo grande pero me refiero en cuanto al tiempo en el que me empezó a conocer tanta gente y a seguir en los shows.

El intercambio con Zambayonny, a esta altura Zamba, era soñado. Estábamos en su casa, había buena onda, la entrevista fluía perfectamente, los mates estaban ricos, sí, al fin nos habíamos relajado. Entonces preguntamos:

BF: ¿Cuáles son los temas que te movilizan y te inspiran para escribir canciones? Tus temas son muy vivenciales.
Z: No, mis canciones no son vivenciales. Sí son de observación pero no de vivencias mías. (Nota de la R: La respuesta fue tajante, lo dijo con la convicción de un tipo que se anima a cantar “no pude dejar la paja” a los cuatro vientos).
Ahí todos nuestros temores se nos vinieron encima, nuestro miedo más íntimo se había convertido en una realidad tangible. Al entrevistado no le gustó nuestro comentario, por un segundo quisimos escupir el mate y salir corriendo, arrojarnos por la terraza palermitana, pedirle disculpas y ofrecerle nuestros cuerpos para trabajo esclavo, pero no. Una vez más, en esa fracción de segundos, nuestras mentes obsesas nos jugaron una mala pasada y Zamba, tras disentir con nosotros, continuó la charla más animado que nunca. Respiramos… y, por supuesto, agendamos otro episodio para charlar en la siguiente sesión de terapia grupal que realiza el equipo de BF.

Mientras tanto, Zambayonny, en su eje, nos contaba: “Yo siempre estoy apuntando ideas que nunca sé si van a ser para una canción, un libro, un tweet o para contarla en un asado con amigos. Estoy todo el tiempo atento o anoto algo que dice alguien o algo que veo en la calle, son ideas que las guardo en una carpeta que se llama ‘disparadores’. Soy bastante ordenando, tengo carpetas con melodías, carpetas con ideas, carpeta con nombres. Yo no era así pero trabajé con un amigo cuando éramos chicos que sí era así, un loco de mierda, y se me pegó”.

Apa, apa. Bueno, no somos los únicos obsesivos, pensamos en el instante. Ahora sí, vamos llegando al clímax de la charla. No podía ser de otra forma, de a poco, a nuestro entrevistado estrella se le iba cayendo el bigote falso. Respiramos de nuevo…

BF: Vemos que nos vamos entendiendo… Contanos de tus obsesiones y manías.
Z: El fútbol es una obsesión, en serio, siempre hay partidos para ver, miro mucho fútbol. Yo no madrugo para nada pero sí para un partido, he suspendido viajes y ensayos para ver fútbol. Ni hablar de Olimpo, no me vas a ver dando una nota o un show si juega Olimpo, estoy en una computadora trabajando y el fútbol está de fondo, de hecho estoy escribiendo un libro sobre fútbol.
Mi manía es hacer listas, carpetas, cuando armo el disco me organizo ‘Lista A con las 15 canciones que podrían ir’, ‘Lista B con otras 15 canciones’, a su vez pintadas en verde las que son de un tipo y en rojo las que son de otro, bastante obsesivo, y me sirve mucho, muchísimo. Estoy todo el tiempo con la computadora, me ayuda a ordenar las canciones que tienen mucho tiempo y otras que tienen un renglón nada más. Entonces, cuando me falta un estribillo, lo busco en estribillos que tengo pendientes.

BF: ¿Y tus inseguridades, cuáles son?
Z: La gran inseguridad es que lo que hacés no le guste a nadie, eso al mismo tiempo está ligado a que uno tiene que tenerle fe a lo que hace, yo le tengo fe a lo que muestro, doy muchas vueltas antes de mostrar algo, el disco lo muestro cuando está terminado.

BF: Cantás en vivo con las letras en un atril, ¿tenés miedo de olvidarte las canciones?
Z: Ahí tienen otra inseguridad, yo supongo que las canciones las sé, no creo que sea un problema de la memoria, canto canciones completas de otros, de Sabina que me gusta, y creo que las mías las sé también.

BF: ¿Cuáles son las canciones de las que estás orgulloso?
Z: Muchas de las primeras canciones, que son 120 y pertenecen a los primeros seis discos grabados en mi casa de Bahía Blanca, con la voz distorsionada, son canciones que están hechas en una hora real, como La incogible. Cada vez que la canto le corregiría mil cosas, le hubiera puesto un estribillo, que no tiene, y hubiera sido un golazo que tenga uno cada cuatro estrofas para descansar, pero no lo hice.
Yo estoy orgulloso, puntualmente, de ninguna en especial, las que suelo elegir para cantar en vivo me parece que son las mejores. Algunas me gustan más que otras,
como El whisky de Dios y Me dejó hablando solo, me parecen que están bien escritas.

BF: Ya está terminado tu último disco, ¿qué nos podés adelantar?
Z: El disco esta buenísimo, estoy muy contento, es un cambio porque está grabado muy profesionalmente, tiene canciones que van a gustar, otras que van a molestar, me parece que quedó bien.

El último trabajo discográfico de Zambayonny está terminándose de grabar y si bien ya tiene nombre, aún no quiso darlo a conocer.

La entrevista estaba llegando a su fin, ya la confianza era plena, hicimos las fotos para ilustrar la nota, intercambiamos datos, nos fuimos despidiendo y cuando quisimos acordar, estábamos a los abrazos con nuestro entrevistado, al grito de “que no se corte, que no se corte”. Con una sonrisa pintada en cada una de nuestras caras, las calles de Palermo fueron testigo de que el equipo de BF terminó su primera nota de tapa, acompañada de un suspiro unánime que decía: gracias Bigote Falso por hacernos conocer gente talentosa y de buen corazón. Gracias Zambayonny.