Virilidad mode off

Relajar el ano no es de gay
Por Sebastián Culp

¡Inadi Alert!

Le tenemos tanto pavor a que la gente piense que nos la comemos doblada que nos reprimimos como monjas de convento en situaciones “disfrutables”. A los hombres nos pasa mucho más que a las mujeres. Ellas pueden caminar por la calle agarradas de la mano sin vergüenza o tocarse una teta como si nada, sin miedo a ser tildadas de tortilleras. Igual, como si esa condición estuviera mal ¿no? Somos re abiertos con los demás: Sí al matrimonio igualitario; “tengo un montón de amigos gays”, pero si la gente nos tilda de gays a nosotros saltamos como leche hervida.

Acá punteamos las más escalofriantes situaciones para el común denominador del macho.

-El lavado de cabello en la peluquería: Al asistir a la peluquería de barrio. Nuestra traba interna, nuestra cortina de hierro emocional, nos dice: No disfrutes del lavado, es un hombre. (Y no me corran con que todos los peluqueros son gays. 1. No todos son gays. 2. Si fuera gay, quizá no sos su tipo, maestro). La cuestión es que manos masculinas te estás acariciando la cabellera, y el agua calentita que no ayuda. Esas manos de hombre, te lavan suavemente el pelo, casi que te acarician. En cualquier otra situación lo disfrutarías. Es un masaje, no hay nada sexual ahí.
Si fuera una mujer por más horrenda, cerrarías los ojos para gozar, pero no. No podés.

-Protector solar en la espalda: Estás en la playa, veraneando con amigos. Chau stress, chau gym, chau tránsito de Buenos Aires, chau jefes y viejas chotas. Todo es relax y bien estar. ¿Entonces por qué no podés disfrutar libremente que tu amigo te esparza protector solar por los omoplatos? ¿Por qué no podés dejarlo hacer su trabajo sin que pienses que la gente va a pesar que son pareja? Y si lo pensaran ¿qué tiene eso de malo? Somos seres horribles que decimos ser “progres” (quizás lo seamos con los demás) pero si nos toca a nosotros, si el quía de al lado piensa que me la morfo, sería poco menos que la tercera guerra mundial.

-Amor a un hombre: Admirás mucho a un tipo. O sea, sos heterosexual, macho alfa dominante, te gustan los fierros, la grasa, las mancuernas, y las minusas, pero admirás a un tipo por su música, su filmografía, su quiebre de cintura en el campo de juego o por cómo hace barquitos de papel. Y bueno, de golpe lo ves, está ahí en el mismo bar que vos. La sola idea de tenerlo cerca te hace transpirar las manos, te pone ansioso, inquieto. Supongamos que sos soltero y estabas en el bar con ganas de ponerla. Bueno, ahí sentís como de apoco, las mujeres pasan a un segundo plano. Te limitás a mirarlo a él. Carburás maneras de ir a encararlo, ojo, es para saludarlo, para decrile lo mucho que lo admirás, a lo sumo una regia selfie, pero nada más. Es obvio que no le querés comer la boca, pero igual te sentís raro. Desistís y no lo saludás y querés olvidarte, querés sacarte ese sabor extraño de tu cuerpo. Te querés bañar y llorar como en “El juego de las lágrimas”. Entonces tomás la solución que tenés a la mano: La mina más fácil del bar. Solamente para demostrarte lo macho que sos. Un bolidito, bah.
-Hombre que huele bien: Te presentan a un motoquero, barbudo y de pelo largo. Pensás que está sucio, tu prejuicio te dicta que debe tener olor a culo, pero no, lo saludás con un beso y desprende una dulce fragancia a arándanos preciosa. (Sí, de golpe sabés qué carajo es el arándano. Te “bajó” del paraíso). Y para colmo de males, el tipo es más buena onda que Mickey Mouse de rivotril. Tras su ropa de cuero, anteojos de sol y su metro noventa es un dulce de leche. No podés dejar de pensar en qué bien huele. Pero claro, jamás si quiera podría aceptarlo, si sos un macho.

-Disfrutar de una rica fruta: Estás en la oficina, ya harto de comer boludeces y cosas grasosas. Entonces pensás, “me voy a comer una banana”. Pero ¿cómo comerla? ¿La pelo y la como así, con la mano? Sabemos que no hay chances que los “capos” de los “compas” de la “ofi” no hagan chistes de doble sentido que atrasan 25 años. Entonces te reprimís, coartás tu libertad y seguís sumando grasa tras a tu cuerpo.
Tip: Para espantar a los “reprimidos culo-sedientos de penes jugosos” de tus compañeros, agarrá la banana con la boca y comela como una loba ardiente se come el pene de tu compañero sexual. Chupala usando mucha saliva, jugá con la lengua, subí y bajá suavemente.

-Te comés a un amigo: Re que cuando te comés a un amigo sin querer, la gente va a pensar que sos re gay, ¿no les pasó nunca? JA-JA-JA. ¿No? ¿No? (?)

-Si fueras mujer o gay, ¿le darías?: Dejando volar la imaginación podemos jugar a ver a qué tipo le daríamos y a cuál no tocaríamos ni con un chorro de soda de sifón Drago. Quizás no sintamos algo “sexual”, quizás no tengamos comezón allá abajo por el tipo, pero si te dejás llevar por el juego, si te conectás con eso sinceramente, vas a poder darte cuenta qué tipo te agrada, qué perfil, personalidad o temple serían ideal para vos. Pero claro, para eso hay que ser más libre que Willy, y vos, Coco Sily, no podés despegarte ni medio metro del piso porque estás inflamado de prejuicios. Y, hay que decirlo, cuando en realidad tenés un parque de diversiones en la cola.

En definitiva, amigo, amiga: Cierra los ojos y goza. Que no va a pasar nada que no quieras. Y si pasara, ¿cuál es el problema? Te vamos a aceptar igual, tenemos un montón de amigos gays.