Obsesiva de manual | Capítulo 1

Enferma por la salud

Por Dolores Yañez

Gracias a toda la información disponible en Internet estoy adquiriendo nuevos hábitos. Me encanta poner en práctica los consejos de salud que leo en las redes sociales, principalmente los que son para desintoxicar el cuerpo.

En estos momentos estoy en el tercer día de una dieta líquida. Resisto estoicamente el deseo de comer una hamburguesa o un plato de fideos (bah, de comer en general), porque leí en Facebook que, tomando jugos naturales de fruta y sopas de verduras orgánicas por una semana, mi cuerpo liberará los radicales libres, culpables de la oxidación de mis células que causa el envejecimiento prematuro de mi cuerpo, expuesto constantemente al estrés urbano.

Debo decir que lo estoy soportando bastante bien, me he embarcado en cosas aún más difíciles de sobrellevar.  Recuerdo la limpieza de colon, también llamada hidroterapia. Ni bien me enteré que existía la posibilidad de limpiar mi intestino por dentro me puse en campaña para hacerlo. No podía aguantar un segundo más con ese órgano sucio sabiendo que se podía dejar impecable. Averigüé bastante, incluso llegué a pedir un turno pero bueno, de tanto googlear me enteré de cosas terribles, por ejemplo, que se puede perforar el intestino. Lo cuento y me descompongo de solo imaginarlo. Así que no me animé a hacerlo, prefiero tenerlo sucio antes que perforado.

Hay muchas cosas menos invasivas que se pueden hacer. Una de mis técnicas favoritas es la del ayuno intermitente, restringir el acceso a los alimentos entre ocho y 12 horas puede ayudar a prevenir la obesidad y la diabetes tipo 2. Si bien no tengo predisposición a ninguna de ambas enfermedades, lo suelo hacer de tanto en tanto porque siempre es mejor prevenir que curar. Y de paso, me mantiene entrenada para cuando tengo que ayunar antes de hacerme un análisis de sangre. Los hago periódicamente, pese a las quejas de mi médica que ya no sabe cómo justificar ante la obra social tantos estudios de rutina, sin tener una enfermedad. Igual, para no comprometerla a ella, de tanto en tanto pido turnos con otros médicos, hago una consulta para conocerlos y me recetan los estudios que quiero. Así voy tirando.

También me he sentido atraída por la dieta alcalina, fundamentalmente porque tiene la posta contra el cáncer. Los alimentos ácidos generan el clima propicio en nuestro organismo para la multiplicación de las células cancerígenas mientras que los alcalinos impiden su reproducción. El problema es que es una dieta muy exigente que no pude sostener. Sin embargo, incorporé varios “tips” que igual sirven, como tomar jugo de limón o un litro de agua antes del desayuno. Y licuados, muchos licuados, frutas y vegetales, he llegado a hacerme un licuado con los malvones que tengo en mi balcón. Dicho sea de paso, no lo recomiendo, me descompuse feo.

Algo que me tiene muy intrigada es la eliminación de cálculos hepáticos que se hace tomando una especie de brebaje que aún no sé cómo se prepara, pero estoy averiguando. Me dijeron que hay gente que despide unas piedras del tamaño de una moneda. Sólo imaginar que eliminan todas sus porquerías de esa manera, yo también quiero!! Y lo quiero ya! Me da mucha bronca pensar que tengo esa podredumbre adentro y no estoy haciendo nada para sacarla, mientras miles de iluminados se limpian íntegros cagando monedas.

Cuando termine esta dieta líquida seguramente me enfocaré en lo de las piedras. Pero primero quiero recuperarme comiendo sólido unos días… necesito carne, mi cuerpo pide grasas. Y si de algo estoy convencida es de que “hay que saber escuchar al cuerpo”, otra gran frase que leí en Instagram.