Silvio Soldán

La llave para la juventud

Por Dolores Yañez
Fotos: Lea Rocha
Copyright 2014

El autor de las grandes frases que marcaron nuestra infancia, como “Gonzalito la cinta”, “Un programa hecho con amor” y “Un corte, una quebrada y enseguida volvemos”, aceptó el desafío de sumarse a Bigote Falso. Silvio Soldán, un referente indiscutido de la televisión, un auténtico maestro de ceremonias y un romántico incurable.

Lo pensamos demasiado, no era una decisión fácil, era nada más y nada menos que elegir la tapa de nuestro segundo número. Unos querían que fuera alguien prestigioso; otros, que fuera famoso, pero fundamentalmente, coincidimos, queríamos que sorprendiera. Hicimos listados eternos de posibles entrevistados, cada uno tenía su favorito, fue difícil, muy difícil. Hasta que una tarde, sentados en un bar de Belgrano frente a las vías del tren, nos decidimos.

Nuestra segunda tapa es Silvio Soldán, un ícono de nuestra infancia. Crecimos pensando en que si nos portábamos bien y estudiábamos, algún día podríamos llegar al cofre de la felicidad, y saltar con él para festejar el premio mayor: un viaje de egresados a Bariloche. Finalmente, ninguno de los que hacemos Bigote Falso tuvo la posibilidad de destacarse en un “Yo sé”, un “Camino al Oscar”, o el clásico “Ping-pong de preguntas y respuestas”. Pero la vida siempre da una segunda oportunidad, así que tuvimos la nuestra.

La cita fue un lunes a las 14 horas en su casa de Belgrano, primero nos juntamos en la esquina para llegar todos juntos a su encuentro. Era una tarde muy fría y estaba por empezar a llover, esperamos que se terminaran los cigarrillos prendidos por la ansiedad y tocamos el timbre. De golpe, mientras nuestras cabezas tarareaban la inolvidable melodía triunfal de Feliz Domingo, se abrió la puerta y ahí estaba él, impecablemente vestido con una campera de cuero marrón y aire ochentoso.

Entramos a su casa. Mientras Lea, el fotógrafo, acomodaba los equipos para hacer las fotos en el living, nos instalamos cómodamente en el escritorio para avanzar con la entrevista. Tenía poco tiempo y, sin dejar de lado la amabilidad con la que nos recibió, se mostraba apurado y muy disperso. El teléfono no paró de sonar durante toda la charla. Eran productores de diferentes canales de televisión interesados en hacerle una nota con motivo del cumpleaños número 100 de su madre.

BF: Actualmente, está haciendo dos programas en el canal de cable “Volver”, ¿Por qué no está Silvio Soldán en los canales de aire?

SS: No hay espacio para mí en la televisión, podría haberlo, pero no me llaman, evidentemente no les intereso. La televisión actual es distinta a la televisión que hacíamos antes, no digo que sea mejor ni peor, es distinta. Sí me convocan como invitado a esos programas que están llenos de vedettes y de botineras opinando, pero no acepto, no me gusta opinar de lo que no sé.

BF: Tiene una trayectoria de más de 50 años de trabajo, ¿qué le agradece a su profesión?

SS: Todo, porque he vivido siempre de esta profesión, me dio un bienestar económico, me ha permitido conocer a mucha gente que yo admiraba, y luego ser amigo de muchos de ellos. Ni hablemos del mundo del espectáculo… del tango, del teatro, cantantes, tuve afinidad con muchos, me dio vida. Yo tenía un futuro totalmente indefinido, incierto, me metí en esto y bueno… la gente me aceptó.

William Silvio Soldán nació en Colonia Belgrano, provincia de Santa Fe, en marzo de 1935. Llegó a Buenos Aires junto a sus padres cuando era muy chico.

BF: ¿Cómo fueron sus comienzos?

SS: Llegué a esto por necesidades económicas —yo hacía teatro independiente y no tenía plata—, empecé a estudiar abogacía, pero tuve que abandonar por falta de recursos económicos. Y el teatro independiente lo mismo, no daba plata, al contrario, había que poner. En ese momento, hace 55 años de esto, la televisión empezaba a asomar con mucha fuerza y los locutores ganaban fortuna. Entonces, dije: a lo mejor agarro un mango yo también, lo voy a intentar. Y así… buscando, buscando, me dieron una oportunidad.

El teléfono seguía sonando y robándonos la atención de nuestro entrevistado, de nuestra estrella. Estábamos frente a una estrella de verdad. Mientras atendía sus llamadas nosotros mirábamos sus premios, sus galardones, su colección de discos, las tapas de revistas, los cuadros con su imagen y sus fotos con grandes valores del tango.

BF: ¿Cómo fue ese primer trabajo en los medios?

SS: En la primera oportunidad laboral que me dieron me terminaron echando, me dijeron: ‘Vos no servís para esto, la televisión no es para vos’. Esa fue Martha Reguera, en Canal 7, que en ese momento me probó para hacer un comercial del té Crift, y cuando lo hice me dijo: ‘Un desastre, esto no es para vos, andate’. Recuerdo que años después —ella ya estaba consagrada como directora de televisión de Alta Comedia y otros programas importantes, y yo ubicado en lo mío— nos cruzamos por los pasillos del canal, y me dijo: ‘Cómo me equivoqué con vos’, yo le respondí: ‘No te preocupes Martha, vos tenías razón, el público se equivocó’.

De aquel joven a este hombre que a fuerza de trabajo ganó un lugar de privilegio en los medios de comunicación, hay una vida entera. Una vida que fue tan intensa como el reconocimiento que recibe y ha recibido de diferentes maneras. Que una esquina de Buenos Aires o una plaza en Palpalá (Jujuy) lleve su nombre son ejemplos de las muestras de cariño que el país le ha brindado.

BF: ¿Cómo vive estos reconocimientos del público?

SS: Mi casa parece un museo, fui y soy un tipo muy homenajeado. Son caricias que recibo dicen que por admiración, supongo que así debe ser.

BF: Parte de ese cariño se debe a los años compartidos con los estudiantes y las familias: ¿Qué recuerdos le dejó “Feliz Domingo”?

SS: Muchos, fueron años increíbles. Uno de los mejores recuerdos fue cuando el escritor Roberto Tálice, que formaba parte del jurado, cumplió 90 años. El estudio era bastante grande y lo homenajeamos con 90 tortas, todas en manos de un estudiante diferente, fue una cosa maravillosa, uno de los recuerdos más lindos que me han quedado. Lo complicado fue en el corte, cuando los chicos empezaron a jugar a los tortazos limpios. Tuvieron que mandar una tanda de media hora para limpiar, porque con la crema chantillí, todo el estudio patinaba. Ese fue uno de los grandes momentos.

BF: ¿Cuál es la historia que hay detrás del clásico saltito con el que festejaba la llave ganadora?

SS: Lo del salto fue algo espontáneo. Un día había un grupito de un colegio que se notaba que era muy humilde; entonces, pensé: estos chicos si no viajan por Feliz Domingo, no van a poder ir a Bariloche. Participan en una prueba y clasifican para el cofre de la felicidad. Cuando lo veo al chico de esta escuela que estaba en la cola pensé para mis adentros: ojalá gane él. Cuando agarra la llave y abre, pegué un salto de alegría, pero auténtico, porque me gustó, yo quería íntimamente que ellos ganen y ganaron. Al otro día, todo el país hablando de cómo había saltado, la realidad es que yo no salté demasiado, lo que pasó fue que el director, con gran habilidad, repitió el salto en cámara lenta, entonces daba la impresión de que saltaba dos metros. Muy gracioso que todo el mundo hablara de mi agilidad y lo maravilloso del salto. A partir de ahí, dije: esto es negocio, hay que hacerlo siempre y se convirtió en un clásico.

BF: ¿Qué lugar ocupa el tango en su vida, usted cree que su vida es un tango?

SS: Yo no creo que mi vida sea un tango, pero hay otros que interpretan que sí, más que nada por el hecho de la mina, que la mina te embromó y esas cuestiones. El tango es un género que amo, y he admirado a los grandes intérpretes de los que después me hice amigo.

BF: ¿En su rol de escritor, cuántas canciones ha escrito?

SS: Me encanta escribir poesía, soy muy romántico. Tengo 200 canciones grabadas con músicos como Mariano Mores, Horacio Guaraní, Sandro, Chico Novarro, Héctor Varela, muchísimos, y primerísimas figuras. Éxitos grandes, grandes, tuve dos: “Hoy la he visto pasar a María”, que hice con Hugo Marcel; y “Así bailaban mis abuelos”, con Héctor Varela. Otros éxitos fueron “Sabor de adiós” y “Los valientes”. Sigo escribiendo, terminé uno hace cinco días —con Raúl Parentela— que se llama “Ser amante”, y ahora le está haciendo la música a otro poema mío que se llama “Te prometo”.

BF: ¿Conoce a los jóvenes que hacen tango actualmente?

SS: Sé que hay jóvenes muy valiosos que están haciendo tango, he conocido a los de la Fernández Fierro; el Sexteto Milonguero, que también me encanta; y otros más, como Cerda Negra. Hay un montón de conjuntos nuevos, y algunos vienen muy bien, también hay otros que están derrapando por ahí. Hay muchos muchachos que me convocan para que les diga algunas palabras o les grabe presentaciones.
Como un baldazo de agua fría, otro llamado interrumpe la entrevista. Del otro lado del teléfono con fax que sonó con estruendosa insistencia durante toda la tarde, una voz le comunicaba que Adrián Suar lo había nominado a hacer el “Ice Bucket Challenge”. La noticia no pareció entusiasmarlo.

BF: ¿Cómo se lleva con la tecnología, utiliza internet?

SS: Me llevo mal, tengo celular, tengo notebook, tengo todo, pero no lo uso. No tengo Twitter, estoy fuera de todas las redes sociales.

Definitivamente, su relación con la tecnología no es la mejor, lo habíamos advertido cuando intentamos localizarlo para pedirle la entrevista. Rastrearlo por internet no nos condujo a buen puerto y cuando por fin conseguimos su teléfono, nos sorprendió con un número de línea fija que no es otra que la del fax que seguía sonando en el transcurso de la charla.

La verdad es que Silvio Soldán es una estrella que brilla por sí sola, sin necesidad de promover su figura a través de internet, y su contacto con el público también permanece intacto, no necesita de la ambigua interacción (cercana y a la vez virtual) que propone las redes sociales. Es un hombre sencillo al que se lo puede saludar cuando camina por las calles de su barrio o en alguno de los restoranes donde sigue disfrutando de las noches porteñas y, al mismo tiempo, una figura tan inalcanzable como los recuerdos que no volverán.

BF: Han sido públicamente conocidos los desvelos que le han causado las mujeres, incluyendo una estadía de dos meses en la cárcel de Devoto: ¿Cómo vivió esa experiencia?

SS: No me quiero humillar con la palabra cárcel. Estuve en un country de Villa Devoto, uno de los barrios más caros de Buenos Aires. Si habré hecho humor con eso, si habré hecho reír a la gente con eso. Fue una experiencia muy fea, pero uno se acostumbra a todo, el hombre es un animal de costumbre. No fue grato para nada, nunca hubiese querido pasar por eso. Me tocó estar por circunstancias de la vida que no tenían nada que ver conmigo, por lo tanto fui sobreseído, pero estuve realmente muy complicado. Si hubiese sido un tipo desconocido no pasaba nada. Los jueces a veces le tienen mucho miedo a la prensa y a la opinión pública.

BF: ¿Cuál es su situación sentimental actual?

SS: Estoy muy bien, enamorado de una chica muy simpática y muy bonita. Hace mucho tiempo, pero no vivimos juntos, es una etapa totalmente distinta, basta de convivencia, a mí no me sirvió nunca, así que no quiero intentarlo más; además, estoy grande ya. Hay un porcentaje muy alto de gente que se casa y se descasa rápidamente, es por culpa de la convivencia. Conozco mucha gente que tiene su pareja afuera, a nosotros nos está resultando maravillosamente. En realidad, yo soy soltero, nunca me casé. Me corrijo, sí me casé en Uruguay, pero no tuvo validez en Argentina. Así que estoy soltero y sin apuro. Hay que sobrevivir a tantas parejas sin casarse, hay que ponerse una coraza, me han pedido matrimonio muchas veces.

BF: ¿Tiene alguna conducta obsesiva o manía?

SS: Mi manía es el orden, soy un tipo absolutamente ordenando: cada cosa en su lugar y su lugar para cada cosa. También soy muy exigente con la puntualidad, adoro la puntualidad. Pero no más que eso.

Como pudimos observar, la casa de nuestro entrevistado estaba en perfecto orden. Una casa grande y oscura como el día en que nos tocó visitarla. Una gran barra de tragos en el centro del living nos indicó que en algún momento, ya no, esa casa supo ser una fiesta. Quizás la casa refleje que ahora, Silvio, elige el amor con cama afuera. Ya no apuesta a la convivencia, y hasta su madre dejó de habitar ese espacio para recibir los cuidados que su edad requiere en un hogar de ancianos.

El tiempo pasa implacable, pero Silvio Soldán no es un señor mayor, es un grande. Su inconfundible tono de voz sigue intacto y su estado físico es admirable. Sin dudas, es la prueba de que la pasión por su profesión, por la música, por su familia, por las mujeres, hizo de su vida un eterno domingo para la juventud.