Obsesiva de manual | Capítulo 3

Cronometrada

Por Dolores Yañez

No se cuando fue que me volví tan obsesiva, yo no era así. Tampoco sé si es que se me puede considerar obsesiva de manual, me refiero a patológica, eso debería decírmelo un psicólogo, pero prefiero no tentar al demonio. Me quedo con mi propia percepción del asunto y lejos de un diagnóstico hecho y derecho, empiezo a detectar algunos rasgos obsesivos en mí, que van tomando color con el paso del tiempo.

Debo reconocer que estas obsesiones me resultan super simpáticas, creo que me brindan un cierto orgullo, son mi creación. También sé que podría dejarlas cuando quiera y no creo estar hablando como un adicto a la cocaína que se auto-convence con un “yo lo manejo, no es adicción”.

Una de mis nuevas adquisiciones en materia de obsesiones es contar las horas que duermo, antes de acostarme y al levantarme, por las dudas, para reafirmar el cálculo. Eso sí, debe ser con los dedos, cuántos más dedos me ocupe la cuenta, más tranquila respiro. Cuando veo que estoy lejos de llegar a las 8 horas recomendadas para un verdadero sueño reparador, enseguida empieza otro cálculo mental: ¿cuándo recuperaré esas horas? Si estoy cerca del fin de semana no es tan grave, puedo manejarlo mejor. Pero si arranco con el déficit un lunes o un martes, estoy en problemas. La meta será encontrar algún día en el que pueda llegar a casa, bañarme y acostarme temprano, el objetivo está cumplido cuando veo mi piel descansada. Sí, es la piel de la cara, su color, su textura, la que me indica que mi organismo se ha recuperado del desvelo.

Esta obsesión está irremediablemente vinculada a muchas otras, a saber… si yo duermo poco o menos de lo deseado, nunca, jamás, será por insomnio. Felizmente no conozco ese flagelo, si no alcanzo las horitas de rigor es porque alguna actividad me lo impide. Entonces, mi cerebro me lleva directo a hacer una serie de malabares mentales para lograr el equilibrio entre las mencionadas 8 horas de sueño, las 8 de trabajo y las restantes 8 de recreación, que completan las 24 horas del día.

Esto merece un párrafo aparte, es indispensable hacer una salvedad, las horas de recreación se ven injustamente saboteadas por las 3 horas diarias que invierto en el traslado de mi casa al trabajo y del trabajo a mi casa y a que contiene todas las actividades dedicadas al aseo diario del cuerpo, la alimentación y algunas tareas domésticas elementales. Esto sí me obsesiona, quién me devuelve ese tiempo, eso no se puede compensar, esos preciados minutos se me escurren entre las manos día tras día y no hay fin de semana que lo pueda remediar. Dejar de trabajar no es una opción, pues no podría garantizar mi subsistencia ni costear mis horas de recreación, o lo que quede de ellas…

A este dilema le estoy encontrando una alternativa, con mucha imaginación y esfuerzo estoy tratando de convertir en recreativas todas las actividades rutinarias como viajar hasta el trabajo, bañarme, hacer la cena, limpiar la casa y lavar la ropa. Así es como llevo leídos 18 libros (y 6 medios libros que dejé sin terminar) en los últimos 2 años y tejido 3 bufandas exclusivamente en el viaje en tren, contorsionándome entre las multitudes que se trasladan en hora pico igual que yo. Otro ejemplo es que he incorporado nuevos productos para la ducha, en total… me aplico alrededor de 7 productos entre exfoliantes para el cuerpo, humectantes, demaquillantes, cremas para peinar, todo en un estricto orden de prioridades y de tiempos, ya aceitadísimos, que convierten a mi ducha diaria en una indiscutida coreografía. Pero eso no es todo.

Como podrán imaginar, para que se trate de una verdadera obsesión, la satisfacción del desafío de recuperar las horas de ocio que me he cargado al hombro, debe ser fácilmente medible, comprobable, como lo es mi piel de porcelana a las horas suficientes de descanso. Para ello acudo a las valiosísimas horas libres del fin de semana, que son 48, sin trabajo y sin viáticos. Saber que me organizo bien se puede medir de la siguiente manera, durante sábado y domingo yo debo haber realizado una actividad que estimule mi cuerpo, es decir, deporte/caminata/contacto con la naturaleza/sexo, entre mis favoritas; una actividad que alimente mi espíritu como relajación/meditación/contacto con la naturaleza/encuentro con seres queridos, y una actividad cultural e intelectual que puede ser ver una película/un recital/una obra de teatro/leer un libro entre muchísimas otras. Por supuesto, muchas de estas actividades se superponen y al mismo tiempo rinden o califican para los tres niveles: cuerpo, espíritu y mente.

Entiendo que mi pensamiento es un poco obsesivo, principalmente puedo advertirlo porque antes yo tenía una vida en la que no existían ninguno de estos algoritmos. Pero también se que ahora estoy muy cómoda con ellos y me hacen sentir muy acompañada. Además, alcanzo una felicidad extrema e indescriptible cada vez que puedo darles rienda suelta y consentir a cada una de mis obsesiones. Llegar al objetivo propuesto para la organización de mis tiempos, le ha dado un nuevo sentido a mi vida. No es algo menor, el sentido de la vida misma, saber que paso por esta encarnación utilizando cada instante de la manera más eficiente posible, sin desperdiciar un minuto. De todas formas, de algo estoy más que segura, más allá de lo que estas obsesiones significan para mí, yo se que las manejo, si quiero las dejo.