Nosotros deberíamos hacerle la entrevista de admisión a los psicólogos

Creo que somos nosotros los que tendríamos que hacer varias entrevistas con diferentes psicólogos para empezar a hacer cualquier tratamiento psicoanalítico.

Si vas a un instituto de psicología hay una entrevista previa donde un psicoanalista evalúa el “nivel” de tu problema, tu personalidad, y demás cuestiones que ignoramos, para derivarte a tal o cual profesional; para dictaminar qué tipo de terapia te conviene; qué especialista; qué “métodos”, etc. etc.
Está bien, resulta obvio, las entrevistas están justificadas desde el punto de vista que ellos tienen el estudio que las avala. No es un “juzguemos a los otros”, es más bien, tantear qué quilombito tenés en la sabiola para darte el mejor tratamiento para tu cascoteada psique. Ya sé, se entiende, pero igual, algo no me cierra.

¿Por qué yo no puedo hacer lo mismo?
Yo me considero un hombre de bien, con la capacidad para elegir, más o menos, lo mejor para mí.
Sé, más o menos, elegir un vino, no te digo que la rompo, pero bueno, quedo bien entre amigos y minusas.
Sé elegir el mejor cepillo de dientes: con cerdas semiduras, mango antideslizante y encima de todo de colores re lindos.
Sé elegir tecnología: Un televisor, una computadora o cámara. Busco bocha de info: googleo re bien, leo foros, leo las preguntas de yahoo (que siempre tienen la posta), veo videos, tests, tutoriales, leo comentarios, referencias, me hago un experto en “ese” producto… ¿Cómo no voy a poder elegir a mi psicólogo?

No es una boludés lo que te digo. Escuchame, el tipo se va a meter en mi psiquis, va a hurgar en mis obsesiones más íntimas, va a meter el dedo en la llaga y a removerlo como cuchara en olla con polenta, se va a tirar de cabeza en mis más profundos y perversos sueños, mínimo dejame elegirlo.

¿Y si el tipo es un perverso al que le gustan los pantalones babuchas?
¿Qué, ahora me van a decir que no hay psicólogos perversos?
¡Vamos! Y si no es babucha, serán bahianos o bombachas de campo.
Dejame de joder el escroto.

¿O si es un miserable?
¿Si cuando alguien le pasa el mate limpia la bombilla con la mano?
¿Qué hacemos con esa rata inmunda?

¿Y si leyó el “Combustible espiritual”? pero pará, ¿y si le gustó?
¿Cómo se vuelve de ahí?
Sí, los psicólogos suelen ser intelectuales, no creo que lean a “Ari”, pero uno nunca sabe…

¿O si es lisa y llanamente un hijo de puta?
¿Si pone reggaeton a todo lo que da un sábado a las 9 de la mañana?
¿O si escucha Pink Floyd, sólo porque conoce “The Wall”?
¿Si usa zapatos náuticos, crocs o riñonera?
¿O si su actor favorito es Pablo Echarri?
¿Si le parece que “El cosito de la pizza” es un buen tuittero?
¿Si de joven hizo un curso de barman con malabares?
¿Si da sorbos de lo que esté tomando aún con la comida en la boca?
¿Qué hacemos con ese degenerado?
¿O si le dice “Mardel” a Mar del Plata? ¿O peor, “MDQ”?
¿Si cree que Bergman es uno de los mejores directos de cine?
¿Si ama a Antonioni y es más fan de la Nouvelle Vague que del cine clásico americano?
Sabrás bocha de Freud y Lacan, pero de cine déjame a mí.

¿O si usa anteojos de marco negro y se saca selfis?
¡¿Y si encima le mete el palito?!
¿No lo ves? Hacé el ejercicio de poner la cara de tu psicólogo/a en las escenas que enumeré.
¿Ahora sí?
Parece una de terror ¿no?

Está bien, quizás exagero, pero lo hago para que tomemos consciencia. A ver si te das cuenta la gravedad del asunto: ¡¿Vamos a dejar nuestra sensible psique en manos de un hijo de puta que como si nada despliega un palito del bolsillo, pone el celular y se saca una selfi tomando un frappuccino en Starbucks?!

Estamos locos.
Toda la sociedad está mal.
Corrida de eje.
Necesitamos ayuda.
Pero ¿sabés qué?… ese psicólogo te va a hacer peor.