Melomanía | Luis Alberto ya es del viento

Por Jijo Ortí

Las baterías del walkman no duraron lo suficiente, ya nunca sabremos si la nena subió al taxi en una escena que se repite entre puentes de Van Gogh, mientras, ya de adultos, develamos esa sospecha que veníamos arrastrando desde el tema que abre la obra, el pescado estaba rabioso y en solitario. El casete decía “Artaud 1973” con birome, suficiente para menguar el interés de cualquier adolescente desprevenido, pero algunos cometimos la imprudencia de darle Play y sumergirnos para siempre en la inmensidad de una obra única, atemporal, imprescindible.
El flaco venía dolido, después lo supimos, los temas los tenía, pero la banda ya no, y de ahí surgió la necesidad de entregar esta última obligación contractual en solitario.
Uno no puede, si por sus venas corre aún la sangre, evitar involucrarse luego de escuchar ese consejo, para con los hijos y la vida, que el artista nos regala de entrada e inmediatamente sumergirse en un club fúnebre, que avisa que no será una obra comercial. Estamos ante algo real, quizás sea esta pieza la única en la cual podremos hallar referencia, aunque sea por filosofía, de la obra de Antonin Artaud. Si cualquier mortal colocase palabras aparentemente sin conexión, una tras otra, en una canción, probablemente nadie entendería el propósito, pero no, aquí eso no pasa, quizás sea yo, quizás uno quiere ver y ve, en “Por” todo tiene sentido, la melodía nos acaricia, mientras nos llenamos de imágenes para llegar a Dios en un final terrenal que nos prepara para, ahora sí, el primer tema del disco que nos remite a un Pescado rabioso anterior, en esta balada setentosa que es “Superchería” con cortes rockeros, que nos explica que es lo que mata, aún hoy, nuestro amor.
Con la “Sed verdadera” el flaco da comienzo a una seguidilla de pequeñas trovas, fragmentos de canciones unidas por suspiros y golpes de guitarra que pueden ser lo que nos enamoró de esta obra, ese no saber, aquí ya es entregarse o morir en una cantata de la que ya no volveremos iguales. Mientras descubrimos la belleza, hasta ese entonces ausente, de los platos de café.
Gustavo Cerati hizo pública, años después, una declaración de amor que teníamos guardada como un tesoro, sólo para entendidos, es en “Bajan” donde el hit se encuentra, para quien lo busque. La oscuridad y melancolía de “Starosta” nos recuerda que Artaud inspiró esta obra.
Y quizás como despedida, el flaco quería dejar en claro que lo que dijeran no podría afectarlo, por eso presentó el disco una mañana de octubre llevando sólo una guitarra acústica y su voz. Nacía para muchos el que aún hoy es el mejor disco del rock nacional, después de esto, Luis se volvería Invisible. Y mientras las habladurías del mundo no pueden atraparlo, Luis Alberto y las hojas, ya son del viento.

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