Llamado telefónico #7

Por Carla Facciorusso

-¡Muy buenos días! Mi nombre es Juan Pérez, ¿qué servicio desea adquirir?
Ya tengo mil cosas que decir al respecto. Está nublado y hace setenta mil grados bajo cero, este día no es bueno para nadie y menos para vos, “Juan Pérez”, que trabajás en un call center. Y a propósito… “Juan Pérez”… ¿ese es tu nombre real? ¿¡M!? ¡¿Es?! ¿¡Maldito, es!? Porque tu compañero, con el que hablé hace 5 minutos (sí, llamo compulsivamente porque nunca quedo satisfecha con esas respuestas automáticas) se llama Pedro García… y tu amiguita María Gómez y tu supervisor Roberto Carlos… Buah… supongamos que te llamás así… JP, ¿por qué das por sentado que quiero adquirir un servicio? ¿Quién te lo dijo? ¿Cómo lo sabés? Qué mecanismo perverso te hace afirmar que quiero un servicio, como sabiendo TODO de mí y luego… como quién no quiere la cosa… preguntarme ¡¿cómo me llamo?! Es como si alguien pudiera asegurar que estoy indispuesta, ¡y después cuestionarme si soy mujer! O todos ahí tienen Alzheimer o manejan moooy bien el inconsciente del consumidor.
-Sí, hola, quiero dar de baja el servicio de internet.
Para qué… Mai facking gash… Meter a su perro en una secadora y después hacerse un sándwich con lo que quedó de él no los ofendería tanto… Silencio. De golpe, todo el bullicio que se escuchaba detrás, parece haberse congelado y obscurecido y hasta se puede uno imaginar que Narciso Ibáñez Menta, con una capa negra y una copa de sangre, es el gerente general de “bajas” y le hace con su mano larga y azul un llamado al operador telefónico (que ya está degollado para esa altura).
-Bien, señora, primeramente vamos a corroborar los datos, ¿sí? Le pido que aguarde un momento en lín… (mu-si-qui-ta-pe-do-rra)
Bien, un carajo. Mal. Doy de baja el servicio porque es una garcha. No te lo voy a decir, porque me vas a terminar vendiendo una baticueva y yo te la voy a terminar comprando. Pero, no. Bien, ¡no! El “señora” metételo en el culo, pendejo faloperito, señora se es cuando alguien te propone casamiento y luego cumple su promesa, te paga un vestido blanco, te compra dos argollitas de oro colorado en la calle LibertÁ, y después se va de putas con travestis. YO LO ÚNICO QUE TENGO DE CASAMIENTO ES EL ¡¡¡MIENTO!!! ¡¡¡JUAN PÉREZ DEL ORTOOO!!! Y además (ya con la voz quebrada y los ojos inyectados en sangre… violeta) no porque le agregues el “mente” a cualquier expresión me vas a convencer de que usás tu mente… Dónde se ha visto ¿¿primeramente?? ¡Demente! ¡Insolente! Estúpidamente… la tuya, ¡Juan Pérez! Y sí, guachopu, te aguardo en lín… te aguardo… ¿pero cómo carajo justificás esa espera, pajerito? Sé pillo, mai fackin laif… haceme esperar cuando tengas coartada (muerta).
-Bien, discúlpeme la demora, gracias por aguardar. Le pido su nombre y su apellido.
Documento, si soy la titular del servicio o un miembro de Opus Dei, si fui de cuerpo, si me gusta Leo Dan… No contento con todo ese tiempo que le dediqué, me deriva con otro operador tan inoperante como él, para que me haga las mismas preguntas y una más… LA pregunta.
-¿Por qué quiere dar de baja el servicio?
1) Porque voy a fugarme con un motín de 120 millones de euros y 30 gramos de cocaína
2) Porque se me canta el orto
3) Porque voy a suicidarme mañana y no quiero dejarle deudas a mis hijos
Pero una, entiende que el objetivo es realmente dar de baja el servicio y no educar a una multinacional capitalista e insensible, con lo cual… la ironía…. no sirve.
-Porque me quedé sin trabajo y no lo puedo pagar (Violines. Faivel llora junto al Topo Gigio)
A ver, maldito alienado, ¿qué te hace pensar que si no tengo plata para pagar lo que ya tengo instalado, voy a poder adquirir el nuevo módem volador de 89 megas? ¿No te das por vencido? Tampoco quiero un wi-fi portátil que se debite de mi pelada cuenta bancaria. ¡No!, Juan Pérez, tampoco acepto que me bonifiquen por 6 meses la conexión y luego yo pague en cuotas mi deuda con una tasa de interés del diez mil por ciento. ¡Juan!, ¡Juan! Querido… no… basta. Se acabó, ya no siento lo mismo. No sos vos, soy yo, Juan…
Nubes rosas y arcoíris de algodón, Lucy in the sky cantada por Pablo Lescano, Lisa Simpson me llama y la locura me abre sus puertas… En vez del mouse agarré el Alplax… ¡pucha! ¿Y por qué quería agarrar el mouse? ¿Estaba en la compu acaso? Y qué hacía en la compu si ya no tengo internet… Un momento… Juan Pérez…
¡¡¡Nooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo!!!