El sodero

Por Sebastián Culp

Lo que les voy a contar trata sobre la relación con mi sodero, entre otros detalles menores.

El sodero*1 viene los lunes entre las 9 y las 9:30 de la mañana y nos repone lo necesario para esa semana. Nuestro número es 4 sifones por cada lunes.

El lunes pasado, me sacudió con un timbrazo a las 8:34.
“Epa, Carlos, te adelantaste”, hubiera pensado de estar lúcido, pero no, estaba totalmente dormido.
Salté de la cama, le grité algo incomprensible a Lucila*2 que me devolvió un: “¡El soderoo!”, desde lo más íntimo del baño. Me puse un pantalón decente, y bajé.

No entendía absolutamente nada.
El chabón, fresco como una lechuga y con una gorra visera, me saludó como siempre, le pedí 4 sifones y me dijo que como el lunes siguiente era feriado me dejaba 4 sodas más.
Pensar en mi estado era algo así como un milagro, dije todo que sí, que estaba bien, que me deje nomás, que no había drama.
Le pagué; me dejó los acordados 8 sifones y se mandó a mudar tan rápido que yo me quedé solo por varios minutos sin saber cómo guardar el vuelto y viendo cómo corno iba a hacer para subir esa cantidad bestial de sodas. Me los dejó sueltos, sin cajón, y no tenemos ascensor.
En mi último viaje caí en la cuenta: “Ah, nooo, cómo que garchó el sodero”, reflexioné en voz alta, ya ganando la cocina.

Ojo: Eso no podría ser algo necesariamente malo; que el sodero te garche.
Hay gente que le puede gustar, todo bien. Es totalmente respetable.
Hay gente que gusta usar crocs*3 y nadie dice nada.
Todo es posible bajo la viña del gusto estético del señor.
A mí no me gusta.
No, no hablo de las crocs. Bueno, sí, también hablo de eso.
No me gustan ni las crocs, ni que el sodero me haga el amor o me manosee la cola.

Lucila que llevaba una tostada con la punta de los dedos al living soltó un suave: “¿Por?”. Le conté como pude.
Me hice mate y mientras tomaba de parado pensé en voz alta. “Claro, me tendría que haber dejado 6 no 8.

Ella, que ya se cepillaba los dientes con la puerta abierta me miró resignada, pero con un dejo de entusiasmo por conocer mi postura.
—Nosotros gastamos 4 sifones por semana de los 6 que tenemos en casa. Hay 2 que no tocamos… entonces, es obvio. —solté.
Ella no dijo nada. Un poco porque la pasta de dientes ya era espuma en su boca y otro porque era demasiado para esas horas de la madrugada. Bueno, de la mañana.

Repetí como científico loco, con el mate en la mano y mirando un punto fijo en el piso:
—Claro —seguí— mirá, nosotros gastamos 4 sifones por semana, pero en casa siempre hay 6. O sea, 2 quedan intactos, joya nunca remis, ni patrullero. Entonces si hubiera comprado 6, son: 4 de esta semana y 2 para la próxima, que sumado a los 2 que hay en casa, da perfecto los 4 sifones que necesitamos por semana. Y así compensamos la semana que el flaco no pasa por ser lunes feriado.

Al momento que terminé de exponer mi tan lúcida teoría, se me iluminó el rostro, levanté la cabeza pero Lucila ya no estaba, se había ido a trabajar. Me había quedado solo, hablando para el aire. Bueno, para el aire y para Fainá*4, que yacía semirecostada latigando la cola de un lado a otro. La levanté y le dije mirándola a los ojos: “¡Vos no te vas! ¡Vos vas a seguir escuchando todas mis teorías ¿nocierto?”.

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*1. Un camión recorre los barrios proveyendo variada bebida fina de mesa a los hogares: soda en sifones de plástico, en cajones de 6. Los sifones son botellones de litro y medio con agua gasificada en su interior. Posee un pico tubular y un interruptor por detrás. Al jalarlo hacia abajo emana todo su delicioso néctar de los dioses. Actividad de lo más noble aunque esté en barranca abajo hacia la extinción.
*2. Nombre propio de mujer. Por lo general suele estar acompañado del primer nombre: María. Esta Lucila en particular es mi novia.
*3. Mocasín de goma con la particularidad de que no cuenta con cobertura de talón, como si se tratara de una pantufla. Posee un ventanal cuadriculado sobre el empeine. Por lo general son de colores más bien estridentes. La leyenda dice que al arrojar este calzado unos metros cae siempre “parado”. Será cuestión de youtubear.
*4. Fainá es nuestra gata*5 de un año de edad. Su deporte favorito es pararse en la cornisa y mirar a las vecinas. Le gusta el queso en todas sus formas y por las noches rompe las bolas para entrar al placard de Lucila. No la dejamos.
*5. El gato es el más doméstico de la familia de los felinos. Se adapta perfectamente a nuestra forma y ritmo de vida aburguesado y más bien cómodo: red de contención en balcones y ventanas; su profiláctica castración y a la soledad diaria de 8 horas o más, según cada jornada laboral. Dan muy bien en videos virales de internet.