CINEFÍLIA | El Fisgón Morbosón

Top 5 de películas sobre el voyeurismo, y demás perversiones

Por Sebastián Culp

‘Es un mirón malicioso’ decía la voz doblada al castellano de Marty McFly en “Volver al futuro”—en el ciclo <Cine Shampoo> de Canal 13— refiriéndose a su padre, al verlo fisgonear a su futura esposa. De manera magistral y autoconsciente el cine se hizo cargo y supo poner en escena ese deseo impuro de meterse en vidas ajenas. Acá hacemos un conteo de las más exquisitas obras que tratan esa desviación del ser humano que tanto nos gusta: mirar al otro.

“La ventana indiscreta” (1954) Alfred Hitchcock
Un fotógrafo bohemio y aventurero debe permanecer en su estrecho departamento por una fractura en su pierna. Inmovilizado y aburrido comienza a espiar ventanas y balcones que dan hacia el patio interno de su edificio, con el poderoso teleobjetivo de su cámara de fotos. Al tedio de su estadía en tan reducido espacio se le suma su novia sofisticada y encantadora que lo acorrala con la idea de casarse. Juntos, no tardan en descubrir que un vecino podría ser el autor del asesinato de su inválida esposa.
Comedia negra, morbosa y ácida. Obra maestra de todos los tiempos, con la particularidad de que la mayor parte del film transcurre en un solo ambiente.

“Peeping Tom” (1960) Michael Powell
En el doblaje, Marty McFly dice ‘Mirón malicioso’ y en el texto original dice ‘Peeping Tom’, en honor a esta película. La trama gira en torno a un asesino en serie que mediante una pequeña cámara de cine filma distintas muertes, todas de mujeres hermosas. El psicópata colecciona esas cintas con las expresiones de horror de las víctimas en el momento de morir.
Film perverso y oscuro que tuvo una recepción extremadamente dura de la crítica, que provocó problemas en la carrera del director Powell en el Reino Unido, pero con el tiempo se convertió en una pieza de culto.

“Doble de cuerpo” (1984) Brian De Palma
Un actor de poca monta es despedido de una película por padecer claustrofobia; de regreso a su casa descubre a su mujer con otro hombre. Devastado y sin lugar para vivir, recibe el ofrecimiento de parte de otro actor para cuidarle la casa, que no es otra cosa que un gran mirador sobre una colina. Desde ahí, y con la ayuda de un telescopio, va a mirar todas las noches a una mujer que hace la rutina de un baile sexy.
Extraordinario film puramente Hitchcockiano, con grandes escenas de tensión y persecuciones propias de un fisgón. Momentos musicales gloriosos y una destreza poco tenida en cuenta en los movimientos de cámara. Las aventuras (y la obsesión) llevan al personaje a bizarras situaciones como la de actuar en una película porno.

“Following” (1998) Christopher Nolan
Un joven aspirante a escritor —sin empleo ni mucho que hacer— empieza a seguir a distintas personas por el sólo hecho de ver hacia dónde van y, quizá, juntar datos para sus personajes de ficción. Pero la cosa toma un rumbo distinto cuando rompe una de sus reglas: nunca seguir a la misma persona dos veces.
Genial film de Christopher Nolan, sumado al hecho de ser su ópera prima. Thriller complejo, donde nada es lo que parece. Obsesiones y engaños, utiliza el recurso de flashbacks y flashforwards (en Memento —su siguiente película— lleva este recurso todavía más allá). Todo esto en 69 minutos filmados los fines de semana, en película de 16 milímetros, en blanco y negro y con un presupuesto de 6 mil dólares. La película que todo estudiante de cine sueña hacer.

“Historias Extraordinarias” (2008) Mariano Llinás
Film complejísimo para describir en pocas líneas. Tres historias que nunca se tocan pero que todas llevan consigo la premisa de la aventura, la obsesión, y hasta del absurdo.

Primera historia: el personaje X comete un crimen y se ve obligado a esconderse en un hotel de la provincia. Con un expediente en sus manos, pasa largos meses encerrado tratando de develar un caso. En momentos de distracción, X mira por la ventana imaginando noviazgos y se obsesiona con una mujer de otra habitación del hotel.
Episodio documental sobre la obra de Salomone, arquitecto excéntrico que supo dejar una vasta y ecléctica obra.

Segunda historia: al personaje Z lo trasladan a un empleo en la provincia. Allí se va a obsesionar con el personaje que lo antecediera en ese trabajo, quien murió de un ataque al corazón y a nadie pareció importarle. Haciendo unas recorridas de rutina por distintos pueblos, va a seguir la pista de una serie de cartas, mapas y raras anotaciones que lo llevarán a descubrir quién era el muerto.
Escena memorable: Z toma mate junto a un león enfermo, pero majestuoso.

Tercera historia: El personaje H es contratado para navegar un río manso en busca de unos monolitos con una consigna simple y absurda: fotografiarlos. Pero la cosa se complica cuando un hombre extraño se le interpone en su camino.
Gran historia dentro de la historia: un mini relato con militares nazis, ingleses y un imponente tanque de guerra.

Una película inmensa y épica en su fabricación, en su propuesta y en su pretensión (pretensión en el buen sentido). Narrada en su gran mayoría con voz en off y de cuatro horas de duración. El relato ágil, lúcido, intrincado, pero totalmente a disposición de la trama, crea una nueva manera de ver el cine.
Dicho por su guionista y director Mariano Llinás, un intento —acertado, agrego yo— de llevar la literatura al cine.

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