Dualidad de duda

Por Lucila Yañez
Ilustración Seelvana | www.seelvana.com.ar

La lógica lo estimulaba de manera impensada.
Siempre fue devoto de lo fáctico.
Febril amante de lo exacto.
Encontraba un delicioso placer en aquellos tubos de ensayo.
Su guardapolvo, ya sin botones, dejaba en ridícula evidencia su grotesco sentido de la moda.
Calculaba hasta lo inimaginable, pasaba los días desafiando sus propias teorías.
El tabique de su nariz, profundamente acanalado, descansaba de sus pesados lentes sólo en contadas ocasiones.
Admirado por estudiantes y envidiado por sus colegas, era un tipo desproporcionadamente seguro en el mundo profesional.
No así en su penosa vida privada.
Decidir entre un Vascolet o un té de boldo podía llevarle horas.
Elegir entre las exigentes escaleras o un aventón en ascensor le provocaba una incertidumbre escabrosa.
Lo endemoniaba debatirse entre cortarse las uñas de los pies con una afilada tijera o un pequeño alicate, cabe destacar que con las de las manos no tenía mayores inconvenientes porque solía comérselas.
¿Y cuándo iba al cine?
Cuando iba al cine releía la nutrida cartelera cinematográfica sin poder resolver jamás que filme mirar. Si no lograba que el joven de la boletería decidiera por él regresaba frustrado y contemplaba, una vez más, la colorida señal de ajuste; sabrán comprender que nunca pudo decidirse por una empresa de cable.
Para comprar un obsequio era tal la vacilación previa que prefirió ausentarse de manera permanente de cualquier festividad que demandara la elección de un regalo.
Lo mismo sucedió con sus vacaciones; se planteaba de manera exasperante la estadía en la montaña o en la playa. Como ninguna vez pudo definirse, cada verano transcurría igual que siempre: en su departamento.
No pudo más que cavilar seriamente sobre el aborrecible asunto.
Pensó, razonó, examinó, cotejó. Debía encontrar el modo de escoger con inmediatez.
Apenas si conocía lo que ese término significaba.
Volvió a cotejar, examinar, razonar y pensar.
Definitivamente, tuvo una revelación.
¡Definitivamente la tuvo!
Cansado de ser hombre de ciencia optó por la perinola.

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