Diario íntimo | Indisposición estomacal

12 de febrero de 2000

Querido diario:
8:30 de la mañana. Me preparo con ilusión para presentarme en un nuevo empleo. Desayuno un buen tazón de leche. Ultimo detalles. Me sirvo un vaso de agua helada, la bebo con un deseo de otro mundo, y salgo de casa.
Ayer mis padres me regalaron un celular, me niego rotundamente a usarlo, pero la culpa hace que regrese a casa y de mala gana lo lleve.
El tren viene en tiempo y forma, y logro sentarme apenas subo.
Primer calambre estomacal. No me alarmo. Comienza a repetirse cada vez con más continuidad, y ahora un sudor frío me recorre el cuerpo. Entiendo que debería preocuparme.
¡Necesito un inodoro, y lo necesito ahora!
Estoy cerca de la estación de destino, es cuestión de resistir estoica. Me calmo, muy a pesar de las señales que da mi cuerpo. Llego a la estación XXX, tengo que cruzar un puente para acceder al baño de pasajeros. Mi andar por el andén se acelera, mi paso se agiliza al punto de empezar a trotar e inmediatamente después, a correr. Mientras avanzo, mi anatomía decide expulsar lo que ya no necesita. Siento un peso inexplicable entre mis ropas. Corro más rápido, y todo sigue sucediendo. Desesperada ingreso a uno de los cubículos, sin siquiera poder elegir el menos sucio.
El panorama es desolador. Estoy sola y con mi ropa maloliente. No puedo salir, el viaje de regreso sería por demás acusador. Todos sabrían lo que me sucedió, se alejarían de mí abanicándose el rostro, tapándose la nariz, buscándose entre miradas cómplices.
¿¡Qué hago!? No. Llorar no ayuda mucho, y encima me corre el maquillaje. Pienso en la posibilidad de salir desnuda (de la cintura para abajo) para lavar, en las piletas del ante-baño, una a una las prendas estropeadas. ¿Pero si hago eso y entra alguien? ¿Cuánto tiempo va a llevar que la ropa esté más o menos seca?
Ojalá el inodoro me chupe. Sí. Ojalá me chupe y me lleve directo a las profundidades de la masa oceánica. Iniciaría una nueva vida, claro que sí, bajo el mar. El sonido de unos tacos que entran y se retiran rápidamente, me devuelven a la realidad. Tengo el celular conmigo. ¡Tengo el celular conmigo! Lo voy a usar por primera vez, se justifica, es una emergencia:
-Hola, mamá.
-¿Ya saliste de la entrevista?
-Mamá, ¡me cagué! Estoy en el baño de la estación XXX y necesito que vengas lo antes posible. Traeme ropa. Ropa, jabón, una toalla y mi dignidad.