La ruta de la Fugazzeta #6 | Burgio

Crónicas escritas con mucha hambre de gloria. Y también con mucha hambre, a secas.
Culp & Yañez
2014-2015

Nos pusimos una meta: Recorrer todas las pizzerías de Buenos Aires en busca de la mejor fugazzeta rellena al molde… Y ya que estamos también de la mejor mozzarella, y bueno, tampoco podemos dejar afuera a la fainá, pobrecita, ahí sola.

HOY: Burgio
Av. Cabildo 2477

Punto conocido por la juventud seudo bohemia under artístico-independiente-intelectualoide (*Ver foto 5). Pizzería típica de barrio, de antaño, como lo fue Angelín o Pin Pun en nuestro historial, en nuestras crónicas vernáculas. Mozos tradicionales, mostrador con mil botellas de moscato, Vasco Viejos y Cinzanos, algunos incluso de etiquetas que datan de 1940. Salón más bien tirando a chico y con mesas afuera. Epa, ¿no te la esperabas esa, eh? Mesas afuera es buena. Pero no, había una pizca de ventoleira y la pizza se nos iba a enfriar. Y como dice el mandamiento de degustador de manjares pizzeriles: “La pizza fría solo se come al otro día, en tu casa”. Entonces, no, afuera no. Fuimos a por el salón. Modesto, pero acogedor. Como decíamos, la gente era como “uno”: jóvenes inquietos, llenos de proyectos y sueños, riendo entre amigos, o en citas, romance, buenas energías, buenas “vibras”.
En la mesa ubicada detrás de Lucila había una parejita onda, no en la 1era, pero quizás en la 3ra o 4ta cita. Había onda, incluso hasta quizás ya se conocían sin ropa o al menos se conocían al tacto. Pero se notaba todavía muy fuertemente ese estado de alerta, de tensión e histeriqueo. (*Ver foto 5).
Nosotros veníamos del cine, habíamos ido a ver la de Fincher, ‘Gone Girl’, así que mitad de la cena fue hablar del filme y la otra mitad fue pensar en silencio la trama intrincada que la cinta dispara. Cada tanto había raptos de lucidez y hablábamos… muy cada tanto, claro. Todo hasta que “llega la morfi”.
Aclaración aparte: a veces, yo, Juan Carlos, digo… Sebastián, tengo la hilarante ocurrencia de citar al célebre conductor de televisión, Nicolás Repeto, en el recordado semanario ‘Sábado Bus’, que cuando llegaba la comida gritaba: “Llega la morfi”.
Ok, soy un boludo.
Ok, te pido “mil-dis”.
Ok, a lo nuestro.

Pedido
2 Porciones de fugazzeta
2 Porciones de mozzarella
1 Porciones de fainá
1 Porción de morrones
1 Cerveza de litro

Ubicación
En el salón, una mesa de 4, al lado de la pared. Lindo, cómodo.

Servicio
Platos de metal. Puntazo para Burgio. Nada más lindo que ir a una auténtica pizzería de Buenos Aires y comer en platos de metal, ¡NADA! Te queda claro, ¿no? Casi siempre que esta excelente noticia se hace presente en nuestra mesa viene acompañada de cubiertos dignos: cuchillo serrucho. Nada de esos fallidos que son para untar mermelada en la tostada.

Calidad
Según Lucila, la fugazzeta está muy buena. Muy bien distribuido y ensamblado el queso, rica cebolla, apenas quemada o gratinada. Según yo, mí, ío, Sebastián, la verdad es que esa supuesta buena fugazzeta la vi pasar.
Esta es la mejor manera de graficar que nuestras crónicas no son más que esbozos subjetivos que arañan la verdadera esencia de la cosa. Lo que uno degusta es en realidad único e intransferible. En la pizza, como en la vida, hay variables: si fuiste con mucha hambre, de pasada o con la panza revuelta; si justo esa noche al maestro pizzero lo dejó la mujer y sin fuerzas para nada, no amasó como lo suele hacer; o si simplemente en el corte de la porción te tocó esa defectuosa, esa díscola, esa con menos queso, esa que por la gracia del cuchillo quedó más chiquita, más miserable, una cagadita, bah. Bueno, esa noche, ESA porción me tocó toda a mí, a Sebastián, “la variable” (*Ver foto 3). Soy el doble de Lucila, peso exactamente el doble que ella, y me toca la porción más desnutrida. Ok, igual decí que soy re caballero, entonces le cedí la rica y jugosa a ella, ¿no soy re bueno?
Pero tuve revancha. Me pedí una de morrones. ¡Impresionante! El Dios de la pizza me dijo: “Tomá, pibe, acá va una buena”. Todo lo insulso de la porción anterior se vio modificado con ese pedazo de ají rojo sangre, esos labios de churrasco que me tiraban un beso. El morrón parecía sacado de la huerta personal que el maestro pizzero tiene en el fondo, un morrón asado, pulposo, voluptuoso y sexy.
Notarán que en la foto se logra divisar una suerte de piletita de aceite. Pero ojo, attenti al lupo, es aceite del morrón, no aceite grasoso del queso, son dos cosas muy distintas. Era un puto manjar. ¡Una exquisitez!
Después, la mozzarella hace muy bien su trabajo. Muy rica, queso justo, no chorrea, pero no te escatiman. Masa no muy alta, pero que tampoco llega a media masa. La salsa con personalidad, rica, no te espanta de ajo, pero tampoco aburre.

Precio
70 u 80 pesos por pera.

Puntaje (Sobre 8)
5 porciones y media

Dato:
Si salís de la cancha de River o porque sos hincha de esa institución o porque fuiste a un recital en ese estadio, la parada obligada a la caravana de cristianos es Burgio. No defrauda, no lastima, alimenta, entretiene y te aleja de los miopes con orejeras que van directo al McDonald´s o al Burger King.

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