Análisis de un dibujo de la infancia

Nombre: Sebastián
Edad: 6 años
Año: 1986
Contexto familiar: Padres recientemente separados. El padre se fue de la casa. Es un padre presente, se ven todos los días o se hablan, pero está claro que no es lo mismo que vivir los 4 juntos. Su hermana, 5 años más grande que él, completa el núcleo.

Dibujar es la forma que los chicos eligen para expresarse. Como quizás no encuentran las palabras, ni quizás tengan la reflexión o el carácter analítico que se desarrolla con la edad, dibujan.
Dibujan a modo de juego, dibujan porque los divierte, pero sin saberlo están diciendo mucho más.

Sebastián es ahora el hombre de la casa.
Sebastián ahora protege a su madre y a su hermana (2 mujeres).
Sebastián es víctima de la sociedad machista.
Tiene sólo 6 años, no puede discernir.
Tiene sólo 6 años y cree que tiene la responsabilidad como “hombre” de cuidarlas.
Si bien su padre está representado en el dibujo (por eso que decimos que es un padre realmente presente) él es ahora el que debe hacerse cargo de todo.
Por eso las armas.
Por eso la personificación de sheriff.
Es la ley, el padre sustituto, el “macho” de la casa, el rey (en el plano de lo simbólico, claro está).
Y no tiene un arma, no. Tiene dos. Para que no queden dudas.

Pero otra cosa se logra entrever ahí.
Sebastián está atravesando un momento crítico.
Por eso la reacción desmesurada.
Por eso la cara de demente
Y la risa desquiciada.
Por un lado le gusta tener que proteger a la familia (con 6 añitos, pobre pibe).
Y por otro, está turbado, tiene odio.
Con las armas con que las protege podría, en cuestión de segundos, abrir fuego contra ellas mismas. Incluso, contra su padre. Sobre todo contra su padre.
Sebastián está furioso.
Sebastián no entiende por qué el padre de golpe se fue de la casa.
Sebastián debe creer —en su psique infante— que si la familia se quebró, es mejor romperla del todo. “Total, esto que está pasando no es lo que me vendieron”.
“A mí me vendieron lo de la familia feliz, vacaciones en Mar de Ajó, salidas al cine, los tostados de la tarde que el padre hacía y toda la bola. No esta mierda”.
Está furioso, pero también está triste, desilusionado.
Sebastián ha vivido el primer desengaño de su vida.
Sebastián se acaba de dar cuenta de la farsa de la familia como institución.

El cuadro se completa con un día soleado.
La típica representación de una escena feliz es dibujar un sol radiante, un cielo azul y unas nubes.
El contraste es clarísimo.
Sebastián anhela aquello.
Sebastián recuerda esa felicidad que hoy no tiene.
Casi como un acto irónico.
Como una cargada.
Como diciendo: la familia unida por siempre bajo este cielo azul (¡¡¡y mis dos pistolas!!!).
Otra interpretación es que Sebastián tiene amenazada a su familia para que siga junta, unida como antes. Negando toda realidad.

Por último, hay un personaje ascendiendo a los cielos que bien puede ser una casualidad. Sebastián quizás empezó a dibujar a ese personaje, luego no le gustó, lo borroneó, y comenzó el otro dibujo arriba. Pero quizás, no. Quizás esté por algo. Quizás ese personaje esté representando la pequeña muerte que la ruptura de la familia provoca.
O bien, quizás se eleva la ingenuidad de Sebastián.
Quizás lo que muere es la inocencia del niño.

Lo que es seguro, es que Sebastián —a golpes de puños— ya es otro, uno distinto, un poco más grande.

captura